
El River de Gallardo: 37 partidos, 50 millones y demasiadas excusas

03/30/2025 10:19 AM
Desde el regreso de Napoleón, es más fácil encontrar pretextos en conferencias de prensa que cotejos bien jugados. La cantidad de encuentros ya se asemeja a una temporada local completa, tiempo suficiente para que el reclamo del hincha desborde de sentido, apoyado también en la enorme cantidad de dinero que se gastó en refuerzos. Un cuadro de situación que atraviesa al DT, los futbolistas y a otros protagonistas que suelen esquivar el radar de las responsabilidades y es hora de poner bajo la lupa: la secretaría técnica y el área física. Este River mediocre le tiene que rendir pleitesía al formato del torneo.
La falta de creatividad que River evidencia en la cancha es inversamente proporcional a la que se exhibe en las conferencias de prensa. Siempre hay un pretexto o una justificación para camuflar las indisimulables falencias y carencias del equipo, las cuales surfean el universo del Más Grande desde hace bastante tiempo, claramente más que el que suele soportar la paciencia promedio del hincha. Ese beneficio tiene que ver con el respeto y el agradecimiento hacia el actual DT.
Lo que en el ciclo anterior de Gallardo era una virtud del entrenador (la autocrítica), hoy llega en dosis homeopáticas. Napoleón ajusta el calendario de desilusión a su conveniencia cuando, en realidad, esta etapa ya lleva 37 partidos, no solamente las jornadas de 2025: 37 partidos de los cuales ganó apenas 16. Para ofrecer un resumen mínimamente integral: 37 partidos, 50 millones de dólares y demasiadas excusas. Las responsabilidades no solo atraviesan a los jugadores y a la mesa chica de los que deciden nombres, táctica y estrategia. Hay componentes que casi siempre gambetean los reflectores, pero es hora de que también queden bajo la lupa: la secretaría técnica y el área física. Lo haremos en el análisis de hoy.
En este River, siempre hay un disfraz de ocasión para bailar el greatest hits de los "pero". River juega mal, pero la seguidilla de partidos. River juega mal, pero las lesiones. River juega mal, pero el plantel lo formó otro entrenador. River juega mal, pero los refuerzos necesitan adaptación. River juega mal, pero la cancha está seca. River juega mal, pero el rival se defiende en bloque muy bajo. River juega mal, pero el adversario hace mucho tiempo. River juega mal, pero tiene mala suerte. River juega mal, pero al menos tenemos buenas intenciones. Lo primero que debería hacer el universo River es rendirle pleitesía al diseño del torneo. Hoy es el único sustento que permite una ilusión porque el rendimiento, el funcionamiento y las ideas no lo hacen. River debe agradecer que el certamen ofrece 8 clasificados por zona, por lo cual quedarse afuera de los playoffs para un equipo con una materia prima y un presupuesto ostensiblementes superiores a la enorme mayoría de los competidores es literalmente imposible aunque juegue muy mal. El campeonato, encima, brinda la posibilidad de festejar con vuelta olímpíca tras cruces a partido único que no precisan de victoria en tiempo reglamentario. Sí, sabemos que hablar de penales en River es un mal chiste, pero se entiende la idea.
Uno de los estadios deportivos con más mística es el Madison Square Garden, casa emblemática del boxeo y de los New York Knicks de la NBA. También de los Rangers de la NHL. El actual es el cuarto MSG de la historia y se lo conoce como El Palacio de las Tres Mentiras: no queda en la Avenida Madison, no se construyó sobre una plaza -ni fronteriza con alguna- y no tiene nada de jardín. El Monumental, si este River se continúa engañando a si mismo, va en camino a un apodo similar: Monumento de las 100 Excusas. Es hora de parar con los pretextos. No le favorece a nadie. La gente no es tonta. El hincha y el socio reclaman por lo que ven, no por lo que imaginan. Nadie, ni siquiera el DT más importante en la historia del club, puede bajarle el precio a la queja. No se trata de espejismos. Se trata de millones de dólares para ver mediocridad, de casi 40 partidos en este ciclo y de casi 3 años en los cuales el DT (que es el más importante en la historia del club) acumula muchos más desaciertos que plenos.
Desde que Gallardo volvió a River, el club incorporó al menos un futbolista en cada posición, menos la de arquero. La institución (mal) gastó 6 millones de dólares en Bustos para traer a Montiel en el mercado siguiente: dos marcadores de punta por derecha en 6 meses. También llegaron 2 zagueros (Pezzella y Martínez Quarta) y aterrizó un lateral izquierdo: Acuña ¿Mediocampistas? De todo tipo: Enzo Pérez, Castaño, Galoppo, Meza, Matías Rojas ¿Delanteros? Por supuesto: Driussi y Tapia. Eso de que el DT aún está pagando el impuesto a los errores ajenos (la gestión Demichelis) se desmorona como un castillo de naipes en un tsunami. Incluso 4 de los refuerzos llegaron en tiempo y forma para un cierre de 2024 en el cual River arribó con angustia y taquicardia a la clasificación directa a la fase de grupos de la Libertadores 2025 y se despidió de la Libertadores 2024 en una serie en la cual no pateó al arco.
River es una estructura sin cambio de ritmo y sin variantes, que se plantea atacar con las mismas formas que hace 4 o 5 años, cuando Gallardo supo moldear equipos fascinantes, cuasi sinfónicos y para aplaudir del pie, pero el tiempo pasa y los rivales estudian. La ruta del pase del lateral al centro del campo, para que se descuelgue un mediocampista, arme la pared o engañe con el punta que sale, se gane la cuerda y se ejecute un centro atrás es hermosa cuando coordinan todas las partes, pero ya la conoce de memoria el fútbol argentino entero. Cuando esa puerta está cerrada, River es un equipo que se tropieza como un nene con los cordones desatados. La falta de creatividad es consecuencia, no mala racha.
¿Cuánto juego asociativo de calidad puede generar un equipo que inicia con Enzo Pérez, Galoppo, Aliendro y Meza juntos? Encima todos diestros ¿Cuánta profundidad real y peso en el área rival puede ofrecer un conjunto que se limita a Borja como único hombre gol? ¿Cuánta claridad puede haber en la salida si muchas veces los centrales arrojan pelotazos? Y el verbo no es casual.
Ya hablamos en columnas anteriores del promedio de edad del plantel, de la falta de gol de los mediocampistas y del historial de lesiones. Están detalladas las de Rojas, desde que se fue de Racing, hasta la historia clínica de Galoppo en Brasil, la lapidaria falta de partidos completos de Pity Martínez en los últimos años, la alergia de Simón con el gol y la decadencia en ese apartado del juego de Nacho Fernández, Lanzini o Aliendro. No es sorpresa porque los datos estuvieron siempre al alcance de la mano. Un combo indigestante para la salud ofensiva del equipo que en las conferencias se maquilla como si perteneciera a la acuarela de lo fortuito y no a la falta de previsión, scouting, entrenamiento y funcionamiento, en las cuales son responsables, además del entrenador, los miembros de las secretaría técnica, encabezada por Francescoli y Ponzio, y los encargados de la preparación física del plantel.
Hace algunas semanas, Gallardo habló de "mala racha" de lesionados y se refirió al tema como inaudito. Eso es falso. No es la primera vez que pasa, ni que le pasa. Por citar algunos ejemplos, y para no viajar tan lejos en el tiempo, en abril de 2022 sufrieron lesiones musculares Quintero, Barco, Pinola y Julián Álvarez. Desde el regreso de Gallardo hasta diciembre, se lesionaron Borja, Acuña, Echeverri, Pezzella, Nacho Fernández y Bustos. Y este año las lesiones musculares coquetean con la decena. Por ende, en los últimos años le sucedió con pretemporada con su firma, agarrando a mitad de camino y con mini pretemporada, y también con plantel y refuerzos elegidos por él, con otra pretemporada a pleno, dónde y cómo quiso.
Por rabiosa actualidad, River ocupa la tercera posición de su zona, a 5 puntos del líder Independiente, al cual venció en el Monumental en el único triunfo de calidad en el certamen, ya que no le pudo ganar al segundo (Rosario Central), al cuarto (San Lorenzo), al quinto (Riestra), ni al sexto (Platense). Además, perdió ante Estudiantes en el interzonal. Un Estudiantes que si bien bajó su nivel está quinto en el otro grupo.
Es imprescindible que el DT destine su energía a recuperar el volumen de juego, a pensar variantes, a promover las mejores versiones de sus dirigidos través de la competencia interna y del trabajo semanal, algo que fue marca registrada de calidad durante su primera etapa. La capacidad la tiene y la demostró, pero parece haber perdido el foco. De lo contrario, no se entienden estancamientos y errores técnicos llamativos como los que muestran Simón, Bustos o Tapia, por citar algunos. O el exceso de oportunidades para Lanzini. O no reparar en la lentitud de Pezzella cuando el rival le busca la espalda.
Irónicamente, hoy lo mejor de River se proyecta desde los pies de Mastantuono y Subiabre cuando, hace no mucho, el entrenador se fastidiaba en conferencia de prensa porque un colega le preguntaba por la falta de minutos para los juveniles ante los mediocres aportes de futbolistas con mucho más currículum que presente. Esa contradicción que hizo zigzag desde el "no están listos" a representar la frescura y lo más virtuoso del equipo pocas semanas después es la síntesis de lo que vive River, mucho más cerca del buen resultado que del buen funcionamiento. Mucho más cerca de la casualidad que de la causalidad. Mucho más cerca del enojo y la confusión que del nivel de autocrítica que demanda el contexto, ya sea la pregunta del día por Borja, los juveniles, las lesiones, la falta de gol en los primeros tiempos, Berman o la creatividad.
Citamos la incongruencia entre la búsqueda de esa creatividad y juntar a Aliendro, Enzo, Meza y Galoppo. Esa ausencia de fantasía, perfil zurdo, engaño, cambio de ritmo, asociaciones en corto, recibió a Subiabre como una vitamina y el equipo mejoró considerablemente. Y era lógica pura, no física cuántica. El concepto y el sentido común al poder, solo para que, cuando el partido no lo pedía, ingresaran Lanzini y Driussi. Uno, Lanzini, con el boleto casi picado por la gente por su flojísimo rendimiento y alguna actitud en redes sociales. Y el otro, Driussi, regresando de una lesión, falto de ritmo y puesto como hombre más adelantado y solitario a fajarse con los centrales rivales. Conclusión: River pasó de un trámite sin grandes sobresaltos a casi perderlo. De administrar la pelota a correr detrás de ella y llegar tarde con el resultado a favor, como en el 2-2. Confusión pura.
Galoppo también sufre la falta de lógica entre características y función. Siempre fue un llegador, un futbolista que incide por sorpresa e intuición, no por conducción o capacidad de pase. Ayer jugó a 50 metros del arco rival, con una asignación y en una zona insulsa, en las cual no fue ni suplemento ofensivo, ni rueda de auxilio de Enzo Pérez. Su salida se linkea más con lo que le pidió hacer el DT que con fracasar en una tarea más natural a su juego, que es el escenario en el cual debemos ser más críticos con un futbolista.
Algunos eslabones de River están cayendo en la trampa de conformarse con muy poco. Vimos mejor y más fino a Acuña, pero aún muy lejos de lo que se espera de un jugador de selección. Es como entusiasmarse por recibir el vuelto en caramelos. Las esperanzas están depositadas en un chico de 17 años como Mastantuono que va seguir con vaivenes absolutamente comprensibles. Un pibe que siente la conducción y debe ser un espíritu libre y ordenarse a partir de la pelota y no vivir tanto tiempo pegado a un lateral como punto de partida. Mastantuono precisa más alternativas de pase vertical. Dos delanteros. Jugar con un único punta lo limita. Precisa que le arrastren marcas para tener más claro el panorama de remate, para descargar hacia un lateral o tener un segundo pase en cortada. Su crecimiento es una gran noticia porque el equipo no lo ayuda.
¿PARA QUÉ ESTÁ LA SECRETARÍA TÉCNICA?
River extraña horrores a Solari, no solo por sus características, sino porque tenía el gol relativamente fácil cuando jugaba de borde a borde de área y no era exiliado a posar junto a los carteles de publicidad para tropezarse o tirarles centros a las hormigas. Lo reemplazó con Tapia, un futbolista que llegó bajo el apadrinamiento de la secretaría técnica cuando ni siquiera puede lucir un video seductor en YouTube, esa geografía en la que cualquiera parece crack. River es elite, se sabe…
Una secretaría técnica, comandada por Francescoli y Ponzio, que no identifica jugadores jóvenes, de valor de inversión lógica y con poder de reventa, la cual debería ser su principal función. Una secretaría técnica que ha armado pretemporadas en lugares insólitos por razones clímáticas y en canchas en mal estado durante la gestión Demichelis. Una secretaría técnica que forma parte de una estructura que compra caro y a destiempo y que después sale a las apuradas a vender por menos de lo que se gastó. Una secretaría técnica que tuvo problemas para administrar las renegociaciones de varios contratos y que maneja mal el cupo de extranjeros (lo de Boselli ocupando plaza en River cuando juega en Estudiantes es caso único en el fútbol argentino).
Nadie le pide a la secretaría técnica que se adelante 3 años al proceso madurativo de una estrella mundial y se la robe a potencias europeas, pero River no puede llegar tarde o no averiguar con intensidad por las figuras emergentes de los países vecinos y de los Sudamericanos Sub 20. No te puede ganar de mano la MLS, México o clubes de segunda línea de Brasil. Ni siquiera instituciones menores del Viejo Continente. La pasividad ha sido alarmante.
Una secretaría técnica que no le ha conseguido a River amistosos de primer nivel ni siquiera ante las páginas más doradas de la gestión Gallardo. Entonces, uno se pregunta ¿El aporte de Francescoli se reduce a haber llamado al "Muñeco" luego de que su primera opción, "Tata"Martino, le haya dicho que no, tal como lo confesó en Clank? ¿Cuál es la función de Ponzio?
En las últimas semanas, el presidente Brito declaró públicamente sobre la importancia en el mercado de pases de Mariano Barnao, mano derecha de Gallardo, por lo cual el interrogante se vuelve más importante. Ni hablar sobre la incidencia de la secretaría técnica en otras áreas como las divisiones inferiores ¿Opinan o decide todo Gallardo? River ha cambiado mucho de cabeza principal en las formativas. Si la secretaría técnica no participa de ninguna de estas decisiones, ¿para qué está?
Para ir cerrando, a River lo exponen sus propias limitaciones y también el resto. Independiente no ha necesitado de decenas de millones de dólares ni de 2 años de trabajo para mostrar identidad y ser competitivo. Rosario Central tiene más puntos que River con mucho menos. Ni hablar de San Lorenzo, que nada en inhibiciones cuando River lo hace en dólares y están firmando una campaña similar, o de Tigre, cuyo presupuesto para compras de una década equivale a lo que gastó el Millo en refuerzos en una temporada. O de Argentinos Juniors, cuyo DT empezó a trabajar hace menos de 4 meses. Qué decir de Platense, al que casi no le pateó al arco. O de Talleres, que le ganó un título mientras no le gana a nadie. Hoy, la mejor noticia para River es el formato del torneo, que lo puede dejar cerca de un título aunque en juego esté a años luz.
Cuando Gallardo vuelva a ser el que fue y a reencontrarse con su mejor versión, desde esta columna seremos los primeros en celebrarlo. Por ideas y funcionamiento y más allá de resultados, porque en 2019, por ejemplo, construyó un equipo que fue fabuloso aunque no haya ganado la Libertadores. Mientras tanto, con respeto y espíritu crítico, no barreremos la basura debajo de la alfombra, porque River es más importante que cualquier ídolo.