Aunque pasen 40 años

El Athletic Club es Campeón de la Copa del Rey. Esa es la noticia y no otra. Ernesto Valverde es el hombre. Este domingo Bilbao se frota los ojos a la espera de desempolvar la gabarra que ilumine de orgullo la ría. Este triunfo es una deuda histórica. Una liberación. Algo que sabíamos que se tenía que dar más pronto que tarde, a pesar de las decepciones recientes de los leones en las finales coperas. Todo llega, era cuestión de tiempo.

Pocos equipos han merecido y deseado más conquistar este título. Uno ya tiene una edad para saber que el desear mucho una cosa no implica necesariamente el conseguirla. De hecho, a menudo, cuanto más deseas algo más lejos estás de lograrlo. El anhelo es inversamente proporcional a la probabilidad. Puta vida.

La Copa del Rey es ya por naturaleza un torneo peculiar, rodeado de una mística y una atmósfera especial que trasciende lo futbolístico desde que hace unos años se apostó por el cambio de formato. La final es algo social, cultural y casi folclórico. Son emociones, son sentimientos, son familias, son bufandas, banderas, sonrisas y lágrimas. En definitiva, fútbol sin procesar ni cortar.

Los que hemos tenido la gran suerte de estar en Sevilla este fin de semana hemos presenciado algo histórico, y no tanto porque el club vizcaíno haya cantado alirón copero 40 años después, que se dice pronto. La enorme movilización de aficionados del Athletic en la capital andaluza ha sido algo que se glosará de aquí a 50 años. Más de 70.000 personas acudieron a una ciudad que es bonita todo el año, pero que en abril es claramente LA CIUDAD. 40.000 de ellos estaban sin entrada. Les daba igual, al final lo importante siempre es el viaje, el proceso y no tanto el resultado. Estamos ante el mayor desplazamiento en un partido de fútbol en España en más de 100 años de historia.

Mientras escribo esto desde la excelencia que brinda una soleada Triana, no puedo dejar de pensar en Ernesto Valverde. Ayer, ya de madrugada, comparecía en rueda de prensa con una sonrisa como nunca se le vio en Barcelona. Le preguntamos por lo que suponía este triunfo para él. Fue claro como pocas veces antes: "Ganar este título no tiene comparación con ningún otro de los que he conquistado". El Athletic es casa. Lo sabe, lo saben y lo sabemos. Hoy es el entrenador que ha devuelto el orgullo máximo a Bilbao y en unos años será Seleccionador Nacional. Ese parece el camino lógico para un hombre tranquilo, infravalorado durante años y que a base de silencios y buen trabajo se ha convertido en referente. Justicia poética a costa de un Real Mallorca que merece otra columna, aunque solo sea para darles el valor y la dimensión que tiene lo conseguido.

Bilbao es hoy la ciudad más feliz del planeta. Sevilla, se levanta haciéndose cruces aún por lo que han visto este fin de semana. En una terraza de Triana se preguntan si a partir de mañana ya dejarán de ser una pedanía de la capital vizcaína. Todo llega, al final es solo una cuestión de tiempo, aunque pasen 40 años.




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