Gilsanz, una patata que se calienta

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La incredulidad mezclada con enfado aún no se había ido. Pesaba más, eso sí, haber esquivado una de esas balas que van a la diana. Alivio, sonrisas sin excesos, pero plenas. La salvación estaba ahí, en esa orilla. 0-1, en Ferrol. Los jugadores se abrazaban, mientras se dirigían a la grada deportivista a aplaudir. 45 puntos, menos de dos partidos. Todo después de cuatro años en el barro, del adiós de Lucas, de mil y un episodios que siempre le pillan al Dépor por el medio. En un segundo plano, se encontraba por ahí Óscar Gilsanz. Aplaudía satisfecho, rehuía los focos. 35 puntos a sus órdenes desde que llegó como opción B para reflotar al equipo desde la zona de descenso. Como apagafuegos, ha cumplido más que de sobra. Eso sí, hay rescoldos que en breve serán llama y pillarán fuerza. Y, aunque a él le encanta salirse de los primeros planos, pronto le tocará regresar al centro de la escena. Hay que hablar de su continuidad. ¿Seguirá o no seguirá? ¿Qué piensa hacer el Deportivo? ¿Se lo merece? Con los deberes en la mano, es el momento de que el técnico de Betanzos golpee a la puerta y se entere de cuáles son los planes para él. Que el deportivismo sepa también. Esa patata está empezando a coger temperatura. Calentará, quemará.

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